Estructura de un libro antiguo

 

La historia del libro se remonta aproximadamente a unos 5 mil años de antigüedad. A partir del momento mismo de la invención de la escritura el hombre se vio ante la necesidad imperiosa de utilizar elementos que la contuvieran y a través de los cuales se pudiera transmitir determinada información. Las tabletas de arcilla, el papiro, las tablillas enceradas, el pergamino y el papel han sido algunos de los principales materiales en donde se han fijado textos de diversa índole.

 

Para el caso que nos ocupa nos referiremos al libro antiguo como aquel producto manufacturado por la imprenta de tipos metálicos móviles y cuya confección se inicia a mediados del siglo xv, en Europa, y concluye prácticamente en el primer cuarto del siglo xix con el advenimiento de la producción fabril, contemporánea. La razón de considerar este periodo en particular es porque en las bibliotecas mexicanas que poseen fondos antiguos son los libros impresos los que constituyen la mayoría absoluta de las colecciones.

En el momento que se incrementaba progresivamente la producción de impresos a finales del siglo xv y las ideas que contenían éstos se difundían de una manera más amplia y rápida, el estado y la iglesia establecieron controles políticos, económicos, administrativos e ideológicos a ese importante vehículo de comunicación.

La portada misma obedece a la necesidad formal de identificar a los responsables del libro impreso. La mención del título, del autor y del pie de imprenta corresponde al orden habitual de los datos que aparecen en esta hoja que se encuentra generalmente al principio del libro. Entre las primeras portadas, ya de uso generalizado en el sigloxvi, y las que nos muestran las obras del siglo xviii hay una variada riqueza tipográfica y de grabados, tanto de planchas de madera, en un principio, como de metal posteriormente aplicadas con diferentes propósitos como la marca de impresor, grabado que identificaba al responsable del taller.

 

Las expresiones materiales de los controles arriba mencionados transformarán el aspecto del libro con los añadidos, entre la portada y el texto, de los documentos preliminares que constituyen verdaderos formularios de autorizaciones, revisiones e intervenciones de funcionarios públicos y dignatarios eclesiásticos, así como textos literarios que también se volvieron elementos constitutivos de los libros antiguos.

Entre los documentos preliminares oficiales se encuentran:

a) El privilegio era una autorización concedida por el Rey o los virreyes (Licencia Real) generalmente al editor de un libro para gozar con carácter de exclusividad, tiempo determinado y ámbito geográfico delimitado, del derecho de publicarlo. Tenía carácter excepcional, era una merced y sus beneficiarios también podían ser el autor, el traductor, el compilador y a veces al librero. Su finalidad era combatir las ediciones ilegales. El primer privilegio conocido fue el concedido en 1469 por el Senado veneciano a Johan Von Speyer (Juan de Espira). En manos de los soberanos o de las universidades, se convirtieron en un instrumento eficaz para supervisar la actividad de los impresores y ejercer censura. Con esta finalidad los utilizaron la Universidad de Cambridge bajo Enrique viii, el rey de Francia, el emperador de Alemania y en España los Reyes Católicos (privilegio de importar libros a Teodorico Alemán) y Felipe ii(privilegio-monopolio a Cristóbal Plantino de Amberes para imprimir libros litúrgicos, especialmente breviarios y misales).

b) La licencia era un breve texto donde se declaraba que el libro se publicaba con permiso de la autoridad civil o eclesiástica. Estas autorizaciones, que en los siglos xvi-xviii concedían el rey, el prelado de la diócesis, sus representantes o el superior de una orden religiosa, se reproducían detrás de las aprobaciones de los informadores designados y solían hacer referencia a ellas. La concesión de licencias por parte de los censores garantizaba la ortodoxia del libro, aseguraba la veracidad de su contenido y, como los privilegios, eran un modo de intervención política sobre la actividad impresa.

c) La tasa era el precio establecido por el Estado en el que debía venderse el libro. En el siglo xv se aplicaba sobre todo a los libros que gozaban de privilegio. La tasa imponía precios muy bajos, se establecía respecto al ejemplar en rústica, debía fijarse por pliego y estamparse al principio o final del volumen. En España fue suprimida por Carlos iii en 1762, cuando se estableció la libertad de precio.

d) La aprobación, censura, parecer o sentir era un dictamen legal emitido por personas físicas o jurídicas (el Consejo, el ordinario del lugar, los superiores eclesiásticos) a las que previamente se lo había solicitado y que autorizaban o no la publicación de un impreso. Se limitaban muchas veces a señalar si en la obra había algo “contra la fe y las buenas costumbres”. En los libros editados, la aprobaciónquería decir que no habían sido censurados y su no concesión implicaba la denegación de la licencia y subsiguiente prohibición de publicación. La aprobación solía terminar con la frase “salvo mejor parecer”, después de lo cual se indicaba el lugar, la fecha y la firma del censor. Práctica legal muy utilizada durante el siglo xvi; a partir del sigloxvii se convirtió en un trámite mecánico o en una fórmula rutinaria.

e) La fe de erratas era una lista de errores tipográficos advertidos e insertos junto con la enmienda que debía hacerse de cada uno de ellos. Las Sátiras de Juvenal (Venecia, Gabriel Petrus, 1478) contienen la primera fe de erratas conocida. Una pragmática del año 1558 demuestra que el Estado asumió la tarea de comprobar la exactitud de las impresiones, no por celo filológico o deseo de velar por la pureza textual, sino como medio para evitar a comisión de fraudes mediante la alteración de las versiones autorizadas.

Los preliminares literarios correspondían a textos que tenían el propósito de presentar al autor y a su obra o a exaltar a algún personaje.

1) La dedicatoria, era una carta o frase, a manera de epígrafe, que el autor anteponía al texto de su obra dirigida a una persona cuya protección, benevolencia o favores buscaba afirmando su prestigio. En la dedicatoria no sólo se ponderaban los méritos personales del destinatario, sino que además podían celebrarse las glorias de su linaje. Por ello en la portada, en lámina aparte, al comienzo de la misma dedicatoria, podían aparecer grabadas las armas del sujeto de la dedicatoria, que suelen conservarse impresas. Entre los destinatarios más habituales de las dedicatorias figuraban reyes, príncipes, infantes, nobles, magnates, prelados, superiores de órdenes religiosas, corporaciones, ayuntamientos, escritores, amigos, etc.

2) Poesía laudatoria A menudo se insertaban textos poéticos que eran escritos por amigos del autor y que lo presentaban al igual que a su obra en términos laudatorios.

El texto impreso, como producto editorial, era complementado con las letras capitulares o iniciales que eran letras de mayor tamaño y con decoración más o menos elaborada con las cuales se iniciaba un capítulo; los tacos tipográficos o xilográficos que eran elementos ornamentales con los que se decoraban las portadas o se destacaban los inicios o fines de capítulos o secciones de los libros; los filetes eran una sucesión de tacos más o menos elaborados que forman líneas; las orlas, adornos de las orillas de una hoja de papel, vitela o pergamino, en torno de lo escrito o impreso, o rodeando un retrato, viñeta o cifra; las viñetagrabados ornamentales con diversos motivos. Todos ellos eran recursos tipográficos o xilográficos que hacían más atractivo el libro.

Los impresores requerían de colocar señales de uso práctico en los libros para poder organizar la impresión de los pliegos y también el arreglo de los cuadernillos en el orden lógico de la obra. Por esa razón colocaron la “signatura tipográfica“, que eran secuencias de signos, números o letras que se situaban en la parte inferior del anverso de las hojas y que identificaban cada uno de los cuadernillos; también se componían los textos con “reclamos” que eran sílabas, palabras cortas o aun letras que se ubicaban al final del texto de una página y que correspondían exactamente a la primera sílaba del texto de la página siguiente.

Aparte de la portada, el colofón fue uno de los primeros elementos de identidad del libro. Su lugar se encontraba invariablemente al final de la obra y contenía los datos del impresor, algunas veces del editor y el lugar y fecha de impresión. Otros elementos, no todos siempre presentes en el libro antiguo, son la anteportada página que contenía un grabado con algunos datos de la obra y que precedía a la portada, elíndice o la tabla de materias del libro; el registro que era la relación de las signaturas tipográficas usadas en los primitivos impresos; el frontispicio que era una portada con un grabado muy elaborado, la portadilla, etcétera.